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Reconcíliate con tu ansiedad

foto para post de la ansiedad blog

Los datos de la JIFE (Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes) recientemente han constatado que España se ha convertido en el primer país del mundo en el índice de consumo de benzodiacepinas (50 dosis diarias por cada 1000 habitantes), medicamentos psicotrópicos utilizados fundamentalmente para tratamientos de casos leves de ansiedad, insomnio o trastornos emocionales. Eso supone un incremento del 4,5% respecto al año anterior.

Teniendo en cuenta que esos psicofármacos crean adicción (cuando se toman por largo tiempo) y anestesian, pero no resuelven la causa que genera la ansiedad, me cuestiono cómo es que aún no se enseña de forma masiva, a toda la población, técnicas para la gestión de la ansiedad y las emociones.

¿Qué es la ansiedad?

Se suele definir la ansiedad como una emoción normal que se experimenta en situaciones en las que el sujeto se siente amenazado por un peligro externo o interno. Hay diferencias entre la ansiedad y el miedo, en el miedo la persona conoce el objeto externo y delimitado que le amenaza y se prepara para responder y en la ansiedad el sujeto desconoce el objeto, siente inquietud, pero no sabe exactamente a qué hacer frente y eso dificultad en la elaboración de la respuesta.

Nuestro cerebro enciende la alerta interior a través de la amígdala, que envía la señal de alarma al cuerpo y hace que se active el sistema nervioso simpático preparando todo el organismo para hacer frente a esa amenaza.   Cualquier evento estresante nos puede llevar a sentir ansiedad leve y transitoria, pero cuando se prolonga en el tiempo, ya se considera un trastorno de ansiedad.

La ansiedad se manifiesta en lo cognitivo con pensamientos de preocupación, sensación de inseguridad, aprensión, sentimiento de inferioridad, incapacidad de tomar decisiones, dificultad para concentrarse.  

Los síntomas más comunes en el cuerpo son las palpitaciones, tensión arterial alta, temblores, sudoración, la sensación de ahogo, la angustia, la vulnerabilidad del sistema inmunológico, náuseas. vómitos, tensión muscular, fatiga.  

En el comportamiento se suele relacionar con la evitación de lo que inquieta, movimientos repetitivos, manipulación de objetos, adicciones, morderse las uñas etc.

Todo en el cuerpo está diseñado para la supervivencia, el cerebro ante cualquier cosa que considere amenazante va encender las alarmas y no distinguirá entre lo imaginado y lo real, da lo mismo que sea un pensamiento, una imagen o una situación real. La respuesta será la misma.

Por otro lado, algo que nos distingue de los animales es nuestra capacidad de pensar y esa misma capacidad también hace que estemos rumiando, dándole vueltas a algo que nos preocupa, que mantengamos esa activación del organismo solamente con imaginar, proyectar una situación ilusoria.

Nuestro cerebro está preparado para la supervivencia no para la felicidad. En la ansiedad el sistema nervioso autónomo tiene un papel fundamental, dicho de una forma muy básica, se encarga de hacer funcionar de forma autónoma los órganos vitales, dependiendo de la información que envíe el cerebro en cada momento los órganos se adaptarán a las necesidades.  El sistema nervioso se divide en la rama simpática, que se encarga de activar el organismo ante una amenaza nos prepara para hacer frente a esa amenaza (luchar) o salir corriendo (huir).  El cuerpo, ante algo que “se interpreta” como una amenaza, utiliza todos los recursos para hacer frente a eso.  Aumenta la frecuencia cardíaca, se estrechan los vasos sanguíneos, la presión arterial, la frecuencia respiratoria, el tamaño de las pupilas para estar más atentos y que no se nos escape nada, se reducen los jugos gástricos (se frena la digestión), aumenta la producción de adrenalina y cortisol en las glándulas suprarrenales permitiendo que aumente la fuerza de los músculos en ese momento.  Ya vimos que esa amenaza puede ser real o imaginada y el cuerpo va a reaccionar de igual forma.

La otra rama del sistema nervioso autónomo, la parasimpática, se encarga de regresar al cuerpo a un estado de calma después de la activación, donde todo el cuerpo puede volver a las funciones de reconstrucción, reparación, nutrición, (se desacelera el corazón, se dilatan los vasos sanguíneos, se reduce el tamaño de las pupilas, aumenta los jugos digestivos preparando al cuerpo para digerir y se relajan los músculos del aparato digestivo. Cuando estamos relajados se mejora el microbiota (mejor equilibrio) en los intestinos, que se sabe que son nuestro segundo cerebro por la cantidad de neuronas que tiene y por ser también el lugar donde se genera un neurotransmisor llamado serotonina, también llamada hormona de la felicidad y el bienestar.  La relajación favorece que nos sintamos más felices.

Sabiendo esto no es de extrañar que cuando estamos sintiendo ansiedad o estrés por largo tiempo, tengamos carencias nutricionales porque  no asimilemos los nutrientes de lo que comemos, tengamos un estado de  ánimo bajo al bajar la producción de serotonina, o tengamos contracturas  en determinadas zonas corporales o nos cueste dormir al tener los niveles de cortisol elevados, suba la presión sanguínea, se mantengan las palpitaciones en reposo, la sexualidad empeore, bajen las defensas o sintamos un profundo agotamiento por la fatiga de las glándulas suprarrenales exhaustas de tanto segregar adrenalina y cortisol.

La ansiedad es natural y es un mecanismo necesario para la supervivencia, anticiparnos ante algo “malo “que pudiera ocurrir nos ha permitido a los humanos proteger la vida, el problema surge cuando la amenaza no es real y se mantiene en el tiempo, ahí la ansiedad pasa a ser disfuncional y la persona pierde el contacto con el presente, que es donde ocurre la vida.

Hay que distinguir entre la ansiedad sana (momentánea y de menor intensidad) y la ansiedad patológica donde estaría el trastorno de ansiedad relacionado con las fobias. El trastorno obsesivo compulsivo, el trastorno de pánico, ansiedad generalizada (miedo existencial) y el estrés postraumático. En esos casos es fundamental el trabajo terapéutico con un Psicólogo.

¿Y cómo me puede ayudar el Yoga si siento ansiedad?

En los 22 años que llevo trabajando como profesora de Yoga he podido comprobar como las técnicas del yoga facilitan el equilibrio en las personas que han acudido a las clases por problemas relacionados con la ansiedad y como, no solamente logran tener control sobre sus estados, sino que desarrollan una mayor seguridad, se empoderan, tienen una mayor tolerancia a las situaciones estresantes y cambiantes de su vida porque saben que cuentan con recursos.

Tal y como lo veo yo, ante la ansiedad, lo primero sería darme cuenta de lo que me pasa. Saber que esa ansiedad me la provoco yo misma (con mi forma de interpretar, percibir, con las gafas (creencias) con las que miro el mundo; por lo tanto, si yo soy quien genero la ansiedad también tengo el poder para regularla al cambiar esa percepción, no estoy diciendo que esto sea inmediato, lleva algún tiempo, voluntad, determinación y coraje cambiar patrones arraigados.

Ya que, en la ansiedad, el objeto amenazante no está claro y definido y tiene mucho que ver con la percepción del individuo, la forma en que se interpreta lo que sucede, es fundamental que la persona se dé cuenta de su monólogo interior que mantiene en el día a día, de cómo interpreta los acontecimientos, las situaciones y darse cuenta de que hay otras formas de interpretar la realidad.  Darse cuenta de las creencias que sustentan ese monólogo.

A veces es importante la ayuda de externa para poder cuestionar esas creencias (que son ideas que tengo del mundo, que doy por verdaderas y no me cuestiono, con ellas interpreto el mundo).

Ante un mismo acontecimiento dos personas pueden interpretar de forma totalmente opuesta, donde una persona ve una amenazo otra puede ver una oportunidad. Es por eso que la meditación es tan efectiva y tan valiosa para el tratamiento de la ansiedad al tomar distancia y observar los patrones de pensamiento que se mantienen y que siempre tienen un efecto a nivel físico (hay pensamientos que relajan mi cuerpo y hay pensamientos que me comprimen).  La meditación nos entrena a estar en presente, que es donde realmente siempre ocurre la vida y es desde esa presencia que salimos de la fantasía que crea la mente (a veces relacionada con un mundo amenazante). La meditación permite dejar ir las tensiones mentales que siempre tienen que ver con el pasado o el futuro y desarrollar la capacidad de mantenerse cada vez más en el presente, en lo que realmente es.

Al conectar con el cuerpo, conecto con el presente, con el ahora. En la Terapia Gestalt se dice “cuanto más cuerpo menos neurosis” y es que muchas veces vivimos en la fantasía de nuestros pensamientos creyendo que son realidad, llevándonos a escenarios futuros, a veces catastróficos. Al conectar con el cuerpo puedo también conectar con las sensaciones cambiantes que me aportan las emociones, reconocerlas, saber qué me está pasando, no dejarme atrapar por los pensamientos de miedo ante esas sensaciones (como es el caso del ataque de pánico) y dejar que la energía de la emoción siga su curso.  El yoga permita entrenarse en liberar la tensión emocional, dándose cuenta de lo que ocurre cuando ocurre, conectando, reconociendo, dejando fluir las emociones que aparecen.

Las técnicas respiratorias del yoga “el pranayama” trabajan directamente sobre el sistema nervioso y la energía vital. Con ciertas técnicas se accede a estados de equilibrio del sistema nervioso lo cual va directamente a repercutir en el estado mental y emocional.

Algo que es fundamental también es el entrenamiento en relajación, esa capacidad de poder relajar la musculatura corporal a voluntad y en cualquier momento, independientemente de lo que esté sucediendo, simplemente dirigiendo la atención. 

Igual que una mente ansiosa lleva al cuerpo a un estado de tensión y activación, existe el camino de vuelta, la relajación muscular le da la información al cerebro de que todo está bien, no hay peligro y la mente se calma.  Accediendo a estados de mayor calma mental y física el cuerpo puede, por sí solo, entrar en un estado de auto regulación “homeostasis”.

Tonificar el nervio vago. Hoy en día se sabe que cuanto más tonificado esté el nervio vago mejor y más rápido se va a poder relajar el cuerpo después del estrés o activación. Cuando la persona logra acceder a estados de relajación física, psíquica y emocional ya sabe que hay otros estados desde donde se percibe el mundo de una forma completamente diferente. Los desafíos de la vida pueden ser los mismos pero la manera de verlos ha cambiado.

Cuando la mente entra en estados de mayor silencio, es más fácil distinguir lo que es real de lo que no lo es, acceder a partes más profundas de nuestro Ser. Podemos dejar de ser tan reactivos ante los que va sucediendo y elegir la forma en que queremos responder a los acontecimientos de la vida diaria. De esa forma se va desarrollando la auto- confianza, al saber que tenemos los recursos para hacer frente a lo que la vida nos depare.

Si algo de esto te ha resonado quizá quieras “hacer las paces”, “reconciliarte” con tu ansiedad, reconocerla, tener mayor control de tus estados, tener herramientas que te ayuden en los días complicados. Te animo a echar un vistazo a las distintas formas en las que te puedo acompañar:

*Talleres Terapéuticos enfocados en la ansiedad.

*Clases de yoga online grabadas donde encontrarás clases especiales que te ayudarán a relajarte, a enfocar tu mente y clases para entrenarte en el control de tú la respiración.

* Acompañamiento con Coaching para el bienestar.

Que estés en perfecto estado de salud. 

Sonia

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Soy Sonia Loga

Practicante de yoga, madre, amante de la naturaleza.

Creo que todos podemos sentir una mayor plenitud y presencia si tenemos las herramientas necesarias.

Ayudo a personas a mejorar su bienestar y salud física, psíquica y emocional mejorando la presencia y consciencia en todas las dimensiones de su Ser.

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